domingo, 16 de junio de 2013

Lo que bien se elige, para siempre se queda


Concluía el tercer año de secundaria. Y ya iniciábamos con los primeros trámites para ingresar al concurso para ingresa a la preparatoria, eran algo tediosos y muy aburridos. En las últimas semanas del año nuestras asesoras nos brindaron información de todas las preparatorias y uno de nuestros profesores nos enseñaría a llenar los diferentes documentos puesto que no querían errores. Debido a que la regla primordial, era no tener errores pues no había repuesto de documentos.
Todos debíamos elegir una escuela, y según fuera el caso una carrera técnica profesional de las cuales teníamos 28 opciones para llenar en el documento dependiendo nuestras preferencias. Pero como pensar en solo dos  semanas ¿Qué carrera elegir?, era una pregunta que muchos nos hacíamos pues para ese momento más de uno no tenía ni la menor idea de que estudiar. Sin embargo en su mayoría erigirían escuelas de las que llaman hijas de algunas universidades tal era el caso de las ENEP que van con pase a la UNAM y los CECyT con pase al IPN.
Bueno, yo no sabía ni que estudiar ni tampoco que carrera elegir.  Lo que sabía era que no tenía el conocimiento necesario como para pasar un examen a la UNAM  y que tampoco alcanzaría el puntaje requerido para entrar a una CECyT.  La decisión fueron  tres CETIS e la carrera de Turismo, y las ENEP y los CECyT  los deje al último
Al llegar la fecha de llenado y de entrega de papeles; todos ya debíamos  haber elegido escuela y carrera. Al entregar los papeles para la inscripción te daban una guía según tus primeras opciones y después de toda la larga espera por fin te daban lo que era tu comprobante de inscripción donde se especificaba: lugar, hora, fecha, salón y asiento donde realizarías tu examen de admisión.
Al presentarme el día y hora señalados en mi comprobante no me sentía nada segura de lo que hacía y al presentar el examen sabía que no obtendría un puntaje alto. Cuando se presentaron los resultados en el enorme periódico supe que había quedado en un CETIS que sería mi tercera opción y que estaría muy lejos de casa pues se ubicaba en Desierto de los Leones en la Delegación Álvaro Obregón, en la carrera de Turismo.
Hací iniciaban dos grandes aventuras; una excursión hasta mi preparatoria y  la más desafiante aprender a viajar en metro.

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