Comenzaba el 2013, estaba lista para presentar el examen de
admisión a la Universidad Autónoma Metropolitana, durante tres meses, había estudiado las diferentes materias que vendrían en el
examen; español, matemáticas, razonamiento verbal, razonamiento matemático
e historia que era una de las cuales más se me dificultaba
y había tenido un porcentaje menor en los exámenes anteriores. Aunque había estudiado lo necesario aun me sentía
incapaz de presentarlo.
El día llegó, me presentaría puntual a mi examen, el tiempo corría
y yo me sentía muy tranquila,pues había tenido una mañana muy divertida debido
a que una amiga de mi trabajo haría el examen junto conmigo. Acabé el examen y
como me sabía muy bien el procedimiento, le entregue mi hoja de respuestas y mi cuadernillo al aplicador. Salí del salón ha esperar a mi amiga en la zona asignada para los padres, mientras terminaba su examen.
Cuando el día de los resultado llegó me llene de alegría, pues resultaría
seleccionada para ingresa a la Universidad Autónoma Metropolitana en la carrera de Economía. Después
de 3 años lograría lo que muchos e
incluso yo pensaba inalcanzable, sin embargo mi alegría se vería opacada por que
mi amiga no resultaría seleccionada igual que yo y tendría que
darle la mala noticia.
Llegado el día de inscripciones me encontraba muy feliz, no
era la primera vez que estaría en la Universidad Autónoma Metropolitana pero si seria ala primera vez que lo haría
como estudiante. Me encontraba muy emocionada pensaba que después de tanto
esperar por fin se cumplía mi mayor deseo, el ser universitaria.
Ese día por primera vez tuve en mis manos lo que
representaba para mí un significado de
nostalgia y de satisfacción, el tener mi credencial de la Universidad. Siempre me ha
gustado mucho la escuela y el haber interrumpido mis estudios por más de un año
provocaba un sentimiento de insatisfacción y de incompetencia.
Al saberme alumna de la UAM el orgullo retorno
y pude volver a asentir la gran satisfacción e ilusión que me causaba mi primer
día de clases. He conocido amigos con los que me he llevado muy bien y la
verdad es que a pesar de que me encantaba la escuela, lo que más extrañaba era tener
compañeros de clase.